En ésta copa de cristal, mar donde ahogo mis penas,
cada lágrima es más amarga, el vino anestesia lentamente,
y se entrelazan, un trago amargo es este desamor.
¿Por qué el destino es tan cruel al darme este mal sabor?
¿Cuándo se volvió mi vida un desierto? Mi alma quedó vacía.
En cada sorbo, tu recuerdo, como una daga que se clava,
una herida que sangra y pica
tu ausencia, como una sombra que me acompaña a cada hora,
no me deja en paz.
Invisible quisiera ser, o morirme tal vez sea mejor,
que vivir en la penumbra, para que nadie vea este corazón que se asombra.
Siento en mi alma un frío que ninguna llama enciende,
un vacío abismal en el que mi ser lentamente se pierde.
Morir aquí, sola, es mi condena.
En este mundo, solo queda la angustia y la muerte.
Y aunque sé que no hay nada más allá de esta vida para mí.

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