¡No!
¡Zas! El eco de mi mano estampándose contra la madera de la mesa frena en seco tu intento de acercarte. Atrás. No des ni un maldito paso más.
Mírate. Ahí estás parado, respirando como un animal acorralado, con esa mirada turbia y desenfocada que antes me daba pena y hoy solo me revuelve el estómago. Huele a sudor agrio, al rastro espeso de tu desesperación. Quieres dar lástima con tus hombros caídos y esa estúpida mueca temblorosa en los labios, pero ya no me importas. Mírame bien las manos: me tiemblan, sí, pero no de miedo, sino de las ganas enfermas que tengo de escupirte en la cara.
Usted —porque ya ni el ‘tú’ de la intimidad te mereces— no volverá a disfrutar de mi cuerpo nunca más. Grábatelo en esa cabeza hueca.
Cshhh… El roce de la sábana se siente como lija mientras me cubro, asqueada de compartir el mismo aire impregnado de tu fracaso. Tú no me vas a volver a penetrar jamás, te lo aseguro por lo más sagrado que me queda: mi propio orgullo. Me cansé. Me harté de ti, de tu maldito sexo malo, insípido, frío. De esa rutina miserable donde solo importas tú.
¡Bof! Sueltas un bufido de frustración y abres la boca para soltar el mismo guion de siempre. Ya me lo sé de memoria. Me cansé de que me llores al oído diciendo que ahora eres precoz, de tus excusas baratas. Según tú, por mi culpa estás así. «Es que tú me pones así, nena», me susurras con esa voz gangosa, intentando camuflar tu incompetencia con un halago miserable.
¡Por favor! ¡Ja! La carcajada me sale del fondo de las entrañas, seca, ácida, directo a tu ego sangrante. Yo no tengo la culpa de que seas un maldito hombre de un minuto. No me cargues con tu impotencia ni con tu prisa egoísta. Yo necesito un hombre de verdad, uno que sepa cómo atender a una mujer, que me queme la piel, que me deshaga, que entienda lo que es el placer y no solo el espasmo torpe de un adolescente asustado.
Y tú… —lo miro fijamente a los ojos, clavándole la mirada como un puñal mientras una sonrisa amarga de puro desprecio me deforma la boca— tú no eres tal hombre. Eres solo un residuo. Fuera de mi cama.
📸 Gemini
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