domingo, 25 de agosto de 2024

La Liberación.




El mundo se extendía ante mí, borroso y lleno de una luz cegadora. Había logrado lo impensable: escapar después de tantos días de cautiverio, de ser un objeto a merced de las peores pulsiones humanas, por fin habían quedado atrás. Sin embargo, la libertad pesaba más de lo que había imaginado.

Mis pasos eran inseguros, como si el suelo se deslizara bajo sus pies. Cada ruido, cada sombra, me transportaba de vuelta a aquella habitación sórdida, a la música atronadora que intentaba ahogar mis gritos mudos, a las sustancias que nublaban mi conciencia y me convertían en una marioneta sin voluntad. 

Recordaba con claridad la primera vez que lo había intentado. Entonces era solo una niña, apenas en la flor de la adolescente, cuando mi tío, ese hombre que se presentaba ante el mundo como un respetable miembro de la comunidad, había cruzado la línea. Al principio, había sido sutil, insinuaciones, caricias inapropiadas. Luego, la oscuridad se había adueñado de mi vida.

Había gritado y suplicado, sin oidos que puedan escuchar, pero mis palabras se habían perdido en el vacío. Nadie me creía. Mi tío, con su sonrisa amable y sus ojos llenos de falsa compasión, había negado todo. Y el mundo, ciego ante la verdad, había preferido creerle a él.

La soledad me había consumido. Me sentía sucia, manchada por la vileza de aquel hombre, y los otros tantos que no dudaron en hacerme daño, cuyo único impedimento era quitarme la vida. No negaré que había pensado en el suicidio muchas veces, en ponerle fin a tanto dolor, pero algo dentro de mi ardía, si había soportado tanto era por algo, había luchado por sobrevivir. Había imaginado un futuro diferente, un lugar donde pudiera ser libre, donde pudiera sanar y olvidar.

Ahora, libre al fin, me enfrento a un nuevo desafío: reconstruir mi vida. El camino será largo y difícil. Sé que me costará tener que aprender a confiar nuevamente, a creer en la bondad de los demás. Había sobrevivido a lo peor, y eso me había hecho más fuerte.

Con cada paso que daba, me alejaba más de aquel infierno al que era cautiva. Y aunque las heridas aún están abiertas, siento una inmensa sensación de alivio. Había escapado, y eso era todo lo que me importaba.

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