Tus ojos eran el cielo de mi calma, el espejo en el que deseaba reflejarme, siempre hoy ya no brillan con ternura al mirarme, ahora me miran con desdén, es donde se refleja mi tristeza.
Son pozos hondos que solo me miran sin siquiera verme en realidad, así como si yo no existiera y siento que muero, eso quiero, así ya no tendría tanto dolor.
Tus labios eran mi fuente de vida, hoy son la ansiedad de mi amarga existencia.
Tus manos, que antes me acariciaban con suavidad de pétalo y rocío, que eran mi soporte, hoy son frías y me rechazan, como si mi piel les causara un hastiado frío, ahora son las garras que laceran mi alma.
Tu voz, era el himno que me eleva al cielo, hoy solo una triste canción.
Tus palabras, ay, tus palabras, son espadas afiladas que se clavan en mi corazón, me atraviesan, me desangro por dentro, se convierten en lágrimas que se derraman como río, anidan en mi garganta las palabras que ya no logro pronunciar y duele, ahora todo lo que ya no somos me causa dolor.
Sé que debo seguir adelante, olvidarte, sé que debo dejarte ir y cerrar este capítulo de una vez por todas, pero este necio corazón se resiste a aceptar esta realidad, aferrándose a la esperanza de tu regreso.
Eres mi cicatriz en forma humana, esa marca indeleble de un amor que no fue, un fuego que quemó los rincones de mi alma hasta dejarme hecha ceniza.
Eres mi cicatriz en forma humana, esa
herida que no sana, dolor persistente, miseria eterna como castigo, el precio que pago por amarte tanto, y terminas siendo el recuerdo más amargo de una pasión que envenena mi alma y me hace triste.
Tú, eres mi cicatriz en forma humana,
una herida que en mi pecho se abre
profunda que no para de sangrar, que no sanará, este dolor que persiste y se ensancha en mi interior, la espina que no logro sacar.
Eres mi cicatriz en forma humana, un recordatorio vehemente de lo que pudo ser, y aunque la herida duela, te llevo grabado en mi piel.
Un fantasma que en mi mente habita, invadiendo mis recuerdos, un tormento eterno que no acaba.
Tu recuerdo me persigue, estás en cada esquina, en cada lugar y tu nombre resuena siempre en mi mente como una triste canción de esas que desgarran el alma, un eco del pasado que no se desvanece en el tiempo.
Espero un día que el tiempo realmente cure esta herida profunda. Y aunque la cicatriz nunca se borre, aprenderé a vivir con ella, intentando que no me hunda.
Te convertiste en un capítulo amargo y triste en mi vida.
Tu nombre se convirtió en un eco en mi memoria, un susurro que el viento ya no se lleva, esa sombra que danza alrededor de mi tristeza.
A pesar de que el amor en ti nunca haya existido, la llama en mí no se ha extinguido. Y aunque no tenerte me duela, no hay en mi forma alguna para odiarte, aunque te haya perdido para siempre.
Pero a pesar de la herida, el dolor clavado en mi corazón, la desolación y por más fuerte que sea el dolor que me infliges, te guardo un pequeño espacio por resignación.
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