Habiendo llegado tarde, nos sentamos en los últimos asientos, te toco la pierna y rápidamente retiras mi mano, me miras fijamente porque se ha hecho evidente el efecto inmediato que tengo sobre tu cuerpo.
Sonrío simuladamente al saber que te pongo en una situación incomoda que todos notarán y no me importa porque te necesito.
Aprietas los labios, estás visiblemente inquieto, arqueas una ceja y ya sé lo que estás pensando, me tomas de la mano procurando no ir muy deprisa para no ser vistos por la gente.
Buscas un lugar apartado y oscuro, me pones de espaldas contra la pared, me besas apasionadamente, me muerdes los labios, tomas una de mis manos llevándola a tu entrepierna abultada, me dices que desear poseerme justo allí, tu respiración se agita todavía más, me pones de espaldas contra ti, te bajas el ziper descubriendo lo que más deseo, apartas mis bragas, me recorre una mezcla fascinante de frío y calor, estoy emocionada de conseguirlo, acaricias mi vulva encontrandola lista para recibirte y sin más me penetras hasta el fondo, del susto se contraen los músculos de mi vagina tal como te gusta, gimes en mi oído ahogando así tu excitación, a la vez tapas mi boca incrementando la adrenalina, evitando invadir con gemidos lujuriosos la predica del domingo.
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