Él, es posesivo y tierno, una mezcla perfecta entre ángel y demonio exquisita, sabe lo que me gusta y cómo me gusta cuando hacemos el amor, me desnuda con agresividad mientras me besa apasionadamente, puedo ver el fuego arder en sus ojos y escuchar lo agitado de su corazón contra mi pecho, me roza su hombría desespera, toma el control de mi cuerpo sin esfuerzo, yo no me resisto, me susurra palabras dulces al oído, se me eriza todo el cuerpo, humedezco con locura, mi respiración se altera, besa y lame mi cuerpo, me acaricia toda, me estimula la vida hasta que de mis adentros surjan gemidos incontrolables, anuncia su entrada y sin más me embiste quitándome el aliento, mis piernas tiemblan, dolor y placer se mezclan, me gusta, quiero más, le respondo con movimientos pélvicos que lo enloquecen y la bestia se manifiesta con más furia.
Besos, caricias, embestidas copiosas, me voltea, me toma de las piernas alzándome para seguir invadiéndome, no puedo escapar, no deseo escapar, solo quiero que nuestros cuerpos estallen al unísono de un orgasmo tan merecido.
Él, sabe hacerme poner los pies sobre la tierra cada vez que me hace tocar el cielo desde la cama.
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