Confieso.
Cada vez que lo hacemos, pienso en otros, tantos...
Imagino desconocidos exquisitos, dentro de mí, embistiendo bruscamente mis partes palpitantes y húmedas.
Besos, caricias, mordidas, nalgadas, embestidas, gritos, gemidos, fluidos.
No sé si deba decir: lo siento. Soy pecadora, soy imperfecta y hasta ahora tuya, sin dudas, pero demasiado perversa.
Tal vez estoy enferma, me he convertido en ninfómana.
¡Maldita sea, demasiado caliente para permanecer siendo esposa y demasiado fiel para ser la puta que soy en mis fantasías!
Perdóname si puedes, es que con mi necesidad siento que no me contiene, te esfuerzas, pero deseo y espero más.
Me vuelvo loca, un poco más, mi lívido no disminuye, está ansiedad aumenta.
¿Dime tú qué vas a hacer conmigo?
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