En la penumbra de la noche, se miraba frente al espejo entre suspiros rotos y lágrimas densas, sintiéndose miserable, sus lágrimas tibias y amargas, surcaban su rostro, tantas noches de desconsuelo, una existencia consumida por la indiferencia y la ingratitud, el dolor que se había acumulado en el alma.
Yo, estaba cansada de verla llorar cada noche, de que sufriera tanto por un peso que la oprimía hasta el ahogo.
Así que cómo un acto final de liberación, cómo un gesto de compasión y amor propio le quité el peso que llevaba por años, una carga que ya no podía soportar.
La maté, porque a nadie le importaba si estaba bien, solo querían de ella toda su disponibilidad, que les sirviera de esclava, como una alfombra dispuesta a ser pisoteada.
La maté, sí, pero no con la frialdad del verdugo, sino con la compasión infinita de quien la ama de verdad, le quité la agonía de su alma enjaulada. Así rompí las cadenas que la ataban a la miseria. Su corazón que gemía bajo el peso de la indiferencia, muriendo lentamente.
La maté, porque ella muchas veces suplicó a los cielos poder ser diferente, la liberé, y así yo también me liberé, y ahora los hipócritas fingen llorar su muerte, le piden que vuelva, sin comprender la profundidad del acto cometido. Ignorando la agonía silenciosa en que su vida se marchitaba por la desidia ajena.
Mi acto de piedad, un corte de amarras que nos unió finalmente, ya no más noches entre lágrimas que empapaban la almohada,
ya no más gritos ahogados en la soledad.
Un escape, un nuevo comienzo, la realidad de dos almas en una, dos decisiones entrecruzadas en búsqueda de un destino.
Liberé de su mente, aligeré su carga,
su espíritu emprendió el vuelo hacia la paz interior dejando atrás todo.
Ahora, los que decían amarla extrañan a la mujer que antes era, ignorando ser la causa del cambio.
Hoy, ella está en paz, que ha encontrado la libertad que tanto anhelaba, encontrando lo que necesitaba dentro de sí, sabiéndose más importante de lo que nunca imaginó.
Y yo, aunque manchen mi nombre con su hipocresía, soy la villana de esta historia, soy quien lleva las riendas de su vida, dueña de su último suspiro.
Y sé que he hecho lo correcto, la hice renacer de las cenizas.
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